La fibromialgia (FM) es el síndrome de sensibilización central (SSC) más prevalente, afectando aproximadamente al 2-5% de la población adulta en países occidentales [20]. Se caracteriza por dolor musculoesquelético crónico generalizado, fatiga, alteraciones del sueño no reparador, disfunción cognitiva ('fibro fog') y un amplio espectro de síntomas somáticos [18].
Desde el punto de vista fisiopatológico, la FM no es una patología de tejido periférico sino un trastorno de procesamiento nociceptivo central: se produce una amplificación aberrante de la señal dolorosa por disfunción de los mecanismos descendentes inhibitorios, sumación temporal facilitada y reducción del umbral de activación de las neuronas del asta posterior medular. Esta desregulación del sistema nervioso central se acompaña de disfunción autonómica documentada por alteraciones de la variabilidad de la frecuencia cardíaca (HRV) [19] y, más recientemente, de alteraciones en la composición del microbioma intestinal con variaciones significativas en metabolitos séricos como butirato y propionato [16].
El modelo neurocéntrico explica por qué los antiinflamatorios clásicos y los opioides mu-agonistas muestran eficacia limitada en FM, mientras que fármacos que modulan la neurotransmisión central (duloxetina, milnacipran, pregabalina) resultan más eficaces [17]. La FM es por tanto un síndrome de amplificación del dolor (pain amplification syndrome) con impacto funcional, psicológico y socioeconómico relevante [20].
Síntomas cardinales [18]:
Síntomas acompañantes frecuentes [18][20]:
Impacto funcional [1][8]:
Las siguientes señales de alarma obligan a derivación médica urgente o reevaluación diagnóstica para descartar patología orgánica grave que mimetice el cuadro:
¿Has detectado un error clínico o una referencia obsoleta?