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Rotura Parcial del Manguito Rotador

Hombro·Actualizado 14 de mayo de 2026

Definición y Biomecánica

La rotura parcial del manguito rotador (PT-RCT, partial-thickness rotator cuff tear) es una solución de continuidad que afecta a una porción del espesor tendinoso sin atravesarlo completamente. Se clasifica anatómicamente según el lado afectado —articular (PASTA: partial articular supraspinatus tendon avulsion), bursal o intrasustancia— y por profundidad mediante la clasificación de Ellman (grado I: < 3 mm; grado II: 3-6 mm; grado III: > 6 mm o > 50 % del espesor tendinoso). El supraespinoso es el tendón más frecuentemente implicado [6].

Desde la perspectiva biomecánica, las PT-RCT pueden originarse por dos mecanismos principales: (1) mecanismo degenerativo intrínseco, con acúmulo progresivo de microtrauma por cargas repetitivas —especialmente en deportistas de lanzamiento y trabajadores con el miembro superior en posiciones elevadas—, y (2) mecanismo extrínseco de compresión subacromial, en el que la morfología acromiohumeral favorece el pinzamiento del manguito. La presencia de un espolón acromial se asocia fuertemente con rotura de espesor completo (OR 3,5), mientras que el Critical Shoulder Angle (CSA) elevado es predictor de rotura completa pero no de rotura parcial bursal [23]. Esto sugiere que la patogénesis de las PT-RCT bursales y articulares puede diferir. El ángulo acromial (acromial index, AI) no resultó predictor independiente en análisis de regresión logística [23].

Desde el paradigma de la mecanotransducción, el tejido tendinoso parcialmente roto presenta capacidad de remodelación ante cargas mecánicas apropiadas, lo que fundamenta el ejercicio terapéutico dosificado como eje del tratamiento conservador [12]. Es fundamental considerar que las anomalías de imagen en el manguito rotador tienen una alta prevalencia en hombros asintomáticos: la prevalencia de tendinopatía y/o PT-RCT en ecografía oscila entre el 0 % y el 47 % en poblaciones diversas, y entre el 7 % y el 70 % en atletas, con rangos aún más amplios en RM [8]. Por tanto, el hallazgo imagenológico de PT-RCT debe interpretarse siempre en el contexto clínico del paciente.

Cuadro Clínico y Síntomas

La presentación clínica de la PT-RCT es variable e inespecífica, lo que dificulta su distinción clínica pura de la tendinopatía del manguito rotador sin rotura. Los síntomas habituales incluyen:

  • Dolor en la cara anterolateral del hombro, con posible irradiación al tercio superior del brazo, típicamente de carácter mecánico y agravado con actividades en elevación o rotación.
  • Arco doloroso entre aproximadamente 60°-120° de abducción en el plano escapular.
  • Dolor nocturno, especialmente en decúbito lateral sobre el hombro afecto, que puede alterar el patrón de sueño [14].
  • Limitación funcional con reducción del rango de movimiento activo (AROM) en flexión y abducción, cuantificable con goniómetro [14].
  • Déficit de fuerza en rotación externa, rotación interna y supraespinoso, objetivable con dinamometría de mano. Los pacientes con PT-RCT presentan mayor fuerza de rotación interna, rotación externa y supraespinoso que aquellos con rotura de espesor completo [20].
  • Repercusión psicosocial: incremento de la catastrofización del dolor (Pain Catastrophizing Scale), ansiedad, depresión y deterioro de la calidad de sueño (Pittsburgh Sleep Quality Index) [14].

La tasa de progresión de PT-RCT a rotura de espesor completo es relativamente baja: 0,26 % por mes (IC 95 %: 0,15 %-0,36 %/mes) en seguimiento a corto-medio plazo, sin diferencia significativa entre desgarros sintomáticos (0,22 %/mes) y asintomáticos (0,32 %/mes, p = 0,341) [9]. Este dato es clínicamente relevante para el asesoramiento al paciente respecto al pronóstico y la elección de tratamiento conservador vs. quirúrgico.

Banderas Rojas

Las siguientes situaciones requieren derivación médica urgente o prioritaria y descartan la gestión fisioterapéutica exclusiva:

  • Traumatismo de alta energía reciente (caída desde altura, accidente de tráfico) con sospecha de rotura masiva aguda o fractura asociada.
  • Paresia o parálisis de musculatura del miembro superior sin causa neuromuscular conocida: descartar lesión nerviosa (nervio axilar, nervio supraescapular) o mielopatía cervical.
  • Atrofia muscular rápidamente progresiva en fosa supra o infraespinosa: sugestiva de denervación o rotura masiva.
  • Dolor no mecánico, constante, sin alivio en reposo ni con analgesia convencional: descartar neoplasia (tumor de Pancoast, metástasis), proceso infeccioso séptico articular u osteonecrosis de la cabeza humeral.
  • Fiebre, escalofríos o síntomas sistémicos asociados a dolor de hombro: descartar artritis séptica u osteomielitis.
  • Historia de neoplasia conocida con dolor de nueva aparición en cintura escapular.
  • Déficit neurológico progresivo de extremidad superior (hipoestesia, parestesias, arreflexia): requiere evaluación neuroquirúrgica.
  • Fractura o luxación glenohumeral asociada identificada en imagen.
  • Ausencia de respuesta al tratamiento conservador adecuado (≥ 3-6 meses de fisioterapia bien dirigida): indicación de reevaluación médica y consideración de intervención quirúrgica, especialmente en roturas grado III (> 50 % del espesor) con compromiso funcional relevante [6][10][12].

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