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Rotura Parcial de LCA (Ligamento Cruzado Anterior)

Rodilla·Actualizado 14 de mayo de 2026

Definición y Biomecánica

La rotura parcial del LCA implica la discontinuidad de una parte de las fibras ligamentosas —típicamente el fascículo anteromedial (AM) o el posterolateral (PL)— preservando continuidad macroscópica del ligamento. Biomecánicamente, el LCA actúa como principal restrictor de la traslación anterior tibial y contribuye al control rotacional de la rodilla. En la rotura parcial, la pérdida de integridad de uno de los fascículos genera incremento de la laxitud anterior y rotacional proporcional al volumen de fibras dañadas, aunque la capacidad de restricción residual es mayor que en la rotura completa. Este contexto implica una ventana terapéutica conservadora más amplia, pero con riesgo de evolución a rotura completa ante cargas no controladas. La presencia de lesiones concomitantes —cartilaginosas o meniscales— incrementa significativamente el riesgo de osteoartritis post-traumática [2].

Cuadro Clínico y Síntomas

  • Dolor articular: generalmente localizado en el compartimento anterolateral, de intensidad variable, a menudo menor que en la rotura completa. En algunos pacientes con LCA deficiente crónico, la diferencia de síntomas respecto a la rodilla contralateral puede ser clínicamente no significativa [20].
  • Derrame articular: hemartros agudo presente, aunque habitualmente de menor volumen que en rotura completa.
  • Sensación de inestabilidad: el paciente puede referir episodios de «fallo» o inseguridad, especialmente en maniobras de pivote, aunque menos pronunciados que en rotura completa.
  • Limitación funcional: restricción en actividades de alta demanda mecánica (carrera, cambios de dirección, saltos). Las escalas funcionales como IKDC, Lysholm y KOOS permiten cuantificar la evolución, mostrando mejoría sostenida hasta los 12 meses post-lesión [5].
  • Rigidez: puede estar presente en fase aguda secundaria al hemartros y el espasmo muscular reflejo.
  • Presentación crónica: en fases post-agudas, la sintomatología puede atenuarse, dificultando el diagnóstico clínico y reduciendo la rentabilidad de algunos tests ortopédicos [1].

Banderas Rojas

  • Bloqueo articular verdadero: incapacidad de extensión completa que no cede, sugiere lesión meniscal asociada (ej. desgarro en asa de cubo) que puede requerir valoración quirúrgica urgente.
  • Hemartros masivo de rápida instauración: orientar a rotura ligamentosa múltiple, fractura osteocondral o fractura de platillo tibial.
  • Lesión vascular (arteria poplítea): palidez, frialdad distal, ausencia de pulso pedio/tibial posterior; emergencia médica, especialmente en lesiones de alta energía con luxación de rodilla asociada.
  • Lesión neurológica periférica: déficit sensitivo-motor en el territorio del nervio peroneo común (pie caído, hipoestesia dorso del pie), asociado a traumatismos de alta energía o luxación de rodilla.
  • Fractura intraarticular o de Segond: dolor óseo localizado, incapacidad de carga, requiere descarte radiológico; la fractura de Segond indica avulsión capsular anterolateral y lesión ligamentosa grave.
  • Signos de infección articular: fiebre, calor local marcado, eritema, derrame de rápida progresión, leucocitosis; artritis séptica requiere derivación urgente.
  • Antecedente neoplásico o dolor nocturno desproporcionado: descartar patología tumoral ósea o sinovial.
  • Lesión meniscal concomitante no diagnosticada: la presencia de meniscectomía parcial o total eleva significativamente el riesgo de osteoartritis post-traumática (OR hasta 3.14 para meniscectomía medial total) [2], lo que exige su identificación precoz para orientar el manejo.

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