La rotura del bíceps femoral forma parte del espectro de las lesiones del complejo isquiotibial (hamstring), que incluye el bíceps femoral (cabeza larga y corta), el semitendinoso y el semimembranoso. La cabeza larga del bíceps femoral se origina en la tuberosidad isquiática junto al semitendinoso, confluyendo proximalmente en el tendón conjunto, mientras que la cabeza corta nace en el labio lateral de la línea áspera del fémur. Distalmente, el tendón se inserta en la cabeza del peroné, participando en la estabilidad del complejo posterolateral de la rodilla [18].
Biomecánicamente, el bíceps femoral actúa como flexor de rodilla, rotador externo de tibia y extensor de cadera. El mecanismo lesional más frecuente implica una contracción excéntrica máxima del músculo en posición de cadera en flexión y rodilla en extensión —como ocurre durante la fase de oscilación terminal de la carrera—, generando fuerzas de tracción que superan la resistencia del tejido. Las avulsiones proximales completas o parciales de la tuberosidad isquiática constituyen la forma más grave y representan el extremo del espectro de las lesiones proximales del grupo isquiotibial [2]. La retracción del tendón, la formación de hematoma intramuscular y la pérdida de la arquitectura miofascial condicionan la capacidad de recuperación funcional y el tiempo de retorno al deporte.
Presentación clínica según el nivel de lesión:
Lesiones de unión miotendinosa y vientre muscular (grados I-III):
Avulsiones proximales (tuberosidad isquiática):
Lesiones de la inserción distal (complejo posterolateral):
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