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Parálisis de Bell (Parálisis Facial Periférica Idiopática)

Neurología·Actualizado 14 de mayo de 2026

Definición y Biomecánica

La parálisis de Bell es una parálisis facial periférica aguda unilateral de etiología desconocida, constituyendo el diagnóstico de exclusión ante la ausencia de cualquier otra patología identificable que justifique la disfunción del nervio facial (NC VII) [2]. Se postula que la fisiopatología implica inflamación y edema del nervio facial en su trayecto a través del canal de Falopio, lo que genera compresión y daño axonal progresivo [1]. La afectación es de motoneurona inferior, involucrando toda la hemicara ipsilateral (incluyendo la musculatura frontal, a diferencia de las lesiones centrales), con déficit funcional variable desde paresia leve hasta parálisis completa. La clasificación de House-Brackmann (HB) es el sistema de gradación más ampliamente utilizado para cuantificar el grado de disfunción, desde el grado I (función normal) hasta el grado VI (parálisis completa) [19]. Escalas complementarias como el Sunnybrook Facial Grading System (SFGS) y la Modified Portmann Scale (MPS) muestran correlaciones negativas significativas con la HB (r = -0.876 y r = -0.860, respectivamente, p < 0.01), con valores de corte óptimos de ≤ 68 puntos para SFGS y ≤ 16 puntos para MPS [19]. La resonancia magnética con contraste dinámico (DCE-MRI) muestra buena consistencia interobservador (Kappa 0.929) y mayor precisión que la RM convencional en la identificación de los segmentos nerviosos afectos [20]. La ecografía del nervio facial detecta un aumento significativo del diámetro del nervio en el lado afecto respecto al sano (p < 0.001), aunque su valor pronóstico no ha sido demostrado de forma concluyente [17]. Los estudios de conducción nerviosa han mostrado superioridad frente a la ecografía en la predicción del pronóstico desde la fase inicial [16].

Cuadro Clínico y Síntomas

  • Inicio agudo de parálisis o paresia facial unilateral de tipo periférico (toda la hemicara, incluyendo la frente) [2].
  • Lagoftalmos e incapacidad para el cierre palpebral completo, con riesgo de exposición corneal [21].
  • Pérdida de la simetría facial en reposo y en movimiento voluntario: ptosis de comisura labial, borramiento del surco nasogeniano, incapacidad para arrugar la frente, fruncir labios o inflar carrillos [19].
  • Disgeusia (alteración del gusto en los dos tercios anteriores de la lengua) e hiperacusia por afectación del nervio cuerda del tímpano y del nervio estapedio, respectivamente.
  • Dolor retroauricular o mastoides como síntoma prodrómico frecuente.
  • Sequedad ocular o lagrimal: la afectación del nervio petroso mayor puede comprometer la secreción lacrimal [21].
  • Secuelas tardías potenciales: sincinesias (movimientos involuntarios asociados), espasmo hemifacial, contractura y "lágrimas de cocodrilo" (lagrimeo durante la masticación); los corticoides han demostrado reducir significativamente la tasa de sincinesias (RR 0.64, IC 95% 0.45–0.91) [1]. Aproximadamente el 30% de los pacientes puede presentar desfiguración permanente [19].
  • En población pediátrica, la gran mayoría se recupera espontáneamente incluso sin tratamiento [10].

Banderas Rojas

  • Parálisis facial bilateral simultánea o diplegia facial: requiere descartar síndrome de Guillain-Barré, sarcoidosis, enfermedad de Lyme u otras causas sistémicas; la parálisis de Bell es por definición unilateral [15].
  • Afectación de otros pares craneales concomitante: sugiere patología expansiva del troncoencéfalo, linfoma o carcinomatosis meníngea.
  • Recuperación ausente a los 3 meses: obliga a revisión diagnóstica y valoración por neurólogo/otorrinolaringólogo; en la población general la mayoría recupera entre 3 y 6 meses [1].
  • Masa parotídea palpable o historia de tumoración previa: exige descarte de parálisis facial por tumor parotídeo (p. ej., carcinoma adenoide quístico).
  • Vesículas en el pabellón auricular o conducto auditivo externo: orienta al síndrome de Ramsay Hunt (herpes zóster ótico), de peor pronóstico y manejo diferenciado con antivirales [5].
  • Presentación en niños con síntomas neurológicos focales adicionales: herramientas de cribado de ictus como CPSS y ROSIER tienen rendimiento limitado en edad pediátrica; la parálisis de Bell fue el tercer diagnóstico más frecuente entre los mimics de ictus pediátrico [14].
  • Lagoftalmos severo con pérdida de sensibilidad corneal: indica riesgo elevado de queratopatía por exposición y puede requerir cirugía oculoplástica protectora [21].
  • Parálisis facial recurrente ipsilateral: descarta diagnóstico de parálisis de Bell idiopática; requiere estudio de imagen avanzado.
  • Ausencia de respuesta al tratamiento corticoideo instaurado precozmente: orienta a etiología secundaria.

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