La osteoartritis (OA) de cadera es una enfermedad articular crónica, degenerativa y multifactorial caracterizada por degradación del cartílago articular, remodelación del hueso subcondral, formación de osteofitos, sinovitis de bajo grado y pérdida progresiva del espacio articular, con el consiguiente dolor, rigidez y limitación funcional [9]. Actualmente se conceptualiza como una patología de órgano articular completo más que una simple «enfermedad del cartílago».
Desde el punto de vista biomecánico, la cadera soporta cargas de 3-5 veces el peso corporal durante la marcha. La pérdida de congruencia articular altera la distribución de fuerzas sobre el cartílago residual, acelerando su degradación. La debilidad de la musculatura periarticular —especialmente abductores de cadera— compromete el control dinámico de la articulación, incrementando las cargas sobre el compartimento afectado [16]. El exceso de peso corporal constituye un factor de riesgo modificable relevante, actuando tanto por sobrecarga mecánica como por mecanismos metabólicos e inflamatorios sistémicos [9].
El corredor recreativo presenta una prevalencia de OA de cadera/rodilla del 3,5% (IC 95%: 3,4%-3,6%), inferior a la de controles sedentarios (10,2%; IC 95%: 9,9%-10,6%), mientras que los corredores competitivos muestran una prevalencia del 13,3% (IC 95%: 11,6%-15,2%) y un OR superior al de los recreativos frente a controles (p < 0,001). La exposición al running inferior a 15 años se asocia con un OR de 0,6 (IC 95%: 0,49-0,73) respecto a controles, lo que sugiere que el sedentarismo y la práctica deportiva de alta intensidad/volumen son ambos factores de riesgo, mientras que el running recreativo moderado puede ser protector [5].
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