La fractura por estrés del metatarso es una lesión ósea por sobrecarga acumulativa (bone stress injury, BSI), resultado del desequilibrio entre la tasa de remodelación ósea y las cargas mecánicas repetitivas aplicadas sobre el hueso. A diferencia de la fractura traumática aguda, se produce sin un evento de alta energía único, sino por la acumulación de microtrauma que supera la capacidad regenerativa del tejido óseo.
Biomecánicamente, los metatarsianos actúan como palancas de transmisión de fuerzas durante la marcha y la carrera. El segundo y tercer metatarsianos son los más frecuentemente afectados en atletas de resistencia y militares, dado que soportan los picos de carga más elevados durante la fase de despegue. El quinto metatarsiano —zona de la unión de la diáfisis proximal con la metáfisis, conocida como fractura de Jones— representa una localización de alto riesgo de complicación por sus particulares características vasculares y de distribución de cargas [3].
Los factores predisponentes incluyen incrementos abruptos del volumen o intensidad del entrenamiento, alteraciones del ciclo menstrual y déficit energético (Female Athlete Triad / RED-S), baja densidad mineral ósea, y factores biomecánicos locales como deformidades del pie o calzado inadecuado [8]. El espectro clínico de las BSI oscila desde el edema óseo reactivo hasta la línea de fractura completa, con repercusión directa sobre el pronóstico y el tiempo de retorno al deporte [3].
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