Las fracturas de húmero proximal representan una de las lesiones óseas más frecuentes, especialmente en población anciana femenina, siendo mayoritariamente de mecanismo de baja energía (caída desde propia altura) sobre un hueso osteoporótico [5]. La clasificación de Neer (1-4 partes) y la clasificación patomorfológica son los sistemas más empleados para la toma de decisiones quirúrgicas, aunque su fiabilidad interobservador es moderada (κ Neer: 0.490; κ patomorfológica: 0.504), condicionada por la experiencia del evaluador [19]. Los fragmentos clave son la cabeza humeral, el troquíter (tuberosidad mayor) y el troquín (tuberosidad menor). La fractura aislada de troquíter representa hasta el 20% de todas las fracturas de húmero proximal [23]; el desplazamiento posterior (media 8.4 ± 5.6 mm) supera habitualmente al superior (media 3.3 ± 2.5 mm) cuando se mide por TC, y la radiografía lateral ('lat') es el mejor predictor del desplazamiento combinado en fracturas ≥ 5 mm [23]. La calidad ósea local (índice deltotuberal, DTI) es un factor determinante en la planificación quirúrgica: un DTI < 1.6 se correlaciona con osteoporosis sistémica (AUC 0.682 población general; 0.706 en menores de 75 años) y orienta hacia artroplastia o fijación con aumentación [21].
Las fracturas de diáfisis humeral suelen producirse por traumatismo directo o mecanismo de torsión. El nervio radial es la estructura neurovascular más expuesta por su trayecto en el canal de torsión (surco espiral), siendo la neuropraxia radial la complicación neurológica más prevalente. La consolidación conservadora con funcional brace es el estándar histórico para muchas fracturas de diáfisis; la evidencia incluida en este bloque no aporta datos específicos de RCTs sobre manejo conservador vs. quirúrgico diafisario.
Las fracturas distales de húmero son lesiones relativamente infrecuentes en adultos. Las fracturas intraarticulares (tipo AO/OTA 13C, 83% de los casos reportados) son particularmente complejas; la reducción abierta y fijación interna (RAFI) con placa es el tratamiento preferido en la mayoría de casos reconstruibles [4]. La tasa global de complicaciones tras RAFI es elevada (53%) y la de reintervención del 21%, por lo que la información al paciente sobre el pronóstico debe ser precisa [4]. En fracturas no reconstruibles, tanto la artroplastia total de codo (TEA) como la hemiartroplastia distal de húmero (DHH) son alternativas válidas [7][8].
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