La fractura de tobillo es una de las fracturas de extremidad inferior más frecuentes, con una incidencia estimada de 1 por cada 1000 personas/año [8]. Engloba un conjunto heterogéneo de lesiones del complejo maleolar (maléolo lateral, medial y posterior) y/o de la sindesmosis tibiofibular distal, que difieren en severidad, complejidad y tratamiento requerido [1].
Danis-Weber (basada en la altura de la fractura fibular respecto a la sindesmosis):
Lauge-Hansen (basada en mecanismo y secuencia de lesión):
El mecanismo más común es la carga axial combinada con torsión (rotación externa sobre pie fijo), provocando sobrecarga secuencial de los ligamentos laterales, sindesmosis y estructuras mediales. La lesión sindesmal ocurre en aproximadamente el 20% de todas las fracturas de tobillo que requieren cirugía [3]. Las lesiones osteocondrales del astrágalo son complicaciones concomitantes frecuentes: hasta un 45% de las fracturas de tobillo presentan lesiones osteocondrales cuando se valoran directamente tras el traumatismo, siendo el astrágalo la localización más habitual (43% de todas las OCL identificadas) [10]. Esta alta prevalencia justifica la sospecha activa de patología condral residual ante resultados funcionales subóptimos tras la consolidación.
| Entidad | Claves diferenciadoras | Prueba confirmatoria |
|---|---|---|
| Entidad:Esguince de tobillo lateral grado II-III | Claves diferenciadoras:Dolor ligamentoso lateral, test del cajón anterior positivo, sin dolor óseo a la palpación de maléolo | Prueba confirmatoria:Ottawa negativo; RX normal |
| Entidad:Fractura de Maisonneuve | Claves diferenciadoras:Fractura Weber C con fractura fibular proximal; dolor en pierna proximal | Prueba confirmatoria:RX tibioperoné completo |
| Entidad:Fractura del proceso lateral del astrágalo ("fractura del snowboarder") | Claves diferenciadoras:Mecanismo de dorsiflexión + inversión; dolor anterior al maléolo externo | Prueba confirmatoria:TC de tobillo |
| Entidad:Fractura del proceso anterior del calcáneo | Claves diferenciadoras:Mecanismo inversión; dolor anteroinferior al maléolo externo | Prueba confirmatoria:TC |
| Entidad:Avulsión del retináculo peroneo | Claves diferenciadoras:Subluxación de tendones peroneos; dolor retromalleolar externo | Prueba confirmatoria:RX + ecografía |
| Entidad:Lesión osteocondral del astrágalo | Claves diferenciadoras:Puede coexistir con fractura (hasta 45% [10]); dolor profundo, bloqueo articular | Prueba confirmatoria:RMN o artro-TC |
| Entidad:Fractura de los metatarsianos proximales (base 5.º meta) | Claves diferenciadoras:Dolor en borde externo del pie, no en maléolo | Prueba confirmatoria:Ottawa Midfoot positivo; RX pie |
| Entidad:Sindesmosis aislada (esguince alto) | Claves diferenciadoras:Dolor anterior a la sindesmosis, squeeze test positivo, RX inicial normal | Prueba confirmatoria:RMN [17]; stress view |
| Entidad:Tendinopatía del peroneo largo/corto aguda | Claves diferenciadoras:Dolor retromalleolar externo sin fractura evidente | Prueba confirmatoria:Ecografía |
Herramienta clínica de decisión para indicar o evitar radiografía. La metaanálisis de Beckenkamp et al. sobre 66 estudios establece:
Interpretación clínica: Las Ottawa Ankle Rules presentan sensibilidad cercana al 100%, lo que las hace herramienta de triaje clínico excelente para descartar fractura sin necesidad de radiografía. Su especificidad baja implica que muchos pacientes con test positivo no tendrán fractura confirmada por imagen.
La interpretación de radiografías de tobillo muestra la mayor sensibilidad y especificidad entre todas las localizaciones del miembro inferior:
En fracturas supinación-rotación externa con maléolo lateral aislado:
El TC ultra-low-dose detectó fracturas en un 49% más de casos que la radiografía convencional (109 vs 73 fracturas, p < 0.001) con dosis de radiación comparable (0.59 vs 0.53 μSv), cambiando el tratamiento en el 16.4% de los casos [18].
Modelos de deep learning aplicados a RX de tobillo/pie:
TC post-operatorio de la sindesmosis con protocolo de baja dosis (0.002 mSv, 5 cortes dirigidos) identifica diferencias > 2 mm respecto al lado contralateral como significativas; sin embargo, la correlación con resultados funcionales AOFAS no justifica su uso rutinario [20].
Toca una fase para ver qué hacer y cuándo avanzar.
Nota general: La evidencia revisada cubre predominantemente fracturas cerradas de tobillo en adultos con consolidación satisfactoria. Los protocolos se estratifican según manejo ortopédico (quirúrgico vs. conservador) y tipo de inmovilización. Para fracturas pediátricas de bajo riesgo (Salter-Harris I), los principios son similares aunque con evidencia específica propia [8].
semanas
Objetivos
Intervenciones clave
Para pasar a la fase 2
Objetivos
Intervenciones clave
Para pasar a la fase 3
Objetivos
Intervenciones clave
Para pasar a la fase 4
Objetivos
Intervenciones clave
Criterios de alta
Indicada a partir de la fase 2, una vez protegida la consolidación y con autorización médica para retirar parcialmente la inmovilización. La movilización articular pasiva y activo-asistida del tobillo —deslizamientos anteriores/posteriores del astrágalo bajo el pilón tibial, movilización en tracción longitudinal— busca recuperar la flexión dorsal, componente de movilidad más limitado tras la fractura e inmovilización. La evidencia disponible no permite discriminar entre tipos específicos de movilización en términos de eficacia diferencial [1], pero su uso es habitual en el manejo fisioterapéutico de la rigidez postinmovilización. Se integra como componente de la fisioterapia intensificada en las fases 2 y 3 del tratamiento. Complementa, no sustituye, el ejercicio activo y el entrenamiento de carga progresiva. Respaldo clínico en [1].
Es el eje central de la rehabilitación desde la fase 2. El entrenamiento neuromuscular —incluyendo ejercicios en superficie inestable, entrenamiento de la marcha y ejercicios de carga controlada— forma parte de las intervenciones de fisioterapia intensificada evaluadas en la evidencia disponible [1]. La justificación biomecánica es clara: la inmovilización prolongada genera pérdida de la sensibilidad articular y coordinación motora en la articulación tibioperoneoastragalina, factores que contribuyen a la inestabilidad funcional residual. El entrenamiento propioceptivo progresivo (superficie estable → inestable → tarea dual → deporte específico) debe integrarse desde la fase 3, combinado con el fortalecimiento muscular. Evidencia de uso habitual en esta indicación, sin datos cuantitativos diferenciales disponibles en la evidencia entregada [1].
El uso de soporte removible frente al no removible es la modalidad con mayor nivel de evidencia en esta patología. Tras cirugía, el soporte removible probablemente mejora la función y la calidad de vida respecto al yeso no removible (evidencia de certeza moderada y baja, respectivamente) [1]. En fracturas pediátricas de bajo riesgo, la bota tipo Aircast permite una recuperación funcional más precoz a las 4 semanas frente al yeso rígido o la férula de fibra de vidrio [8]. La bota facilita la higiene, permite la extracción para la realización de ejercicios y favorece la adherencia al tratamiento. Se indica desde la fase 1 y se retira progresivamente en la fase 3 según criterio clínico. Para fracturas de bajo riesgo en niños, debe advertirse del uso de calcetín protector para minimizar lesiones por presión [8].
Aunque técnicamente es una intervención de manejo de carga y no una modalidad manual, su aplicación clínica forma parte del protocolo de fisioterapia. El inicio de carga protegida en bota Walker desde el primer día postoperatorio (IWB) se asocia a mejor función a las 6 semanas (OMAS: 43 vs. 35 en grupo NWB) [13], sin incremento de complicaciones [13][15]. El ensayo WAX confirma la no inferioridad y probable superioridad del protocolo de carga precoz respecto al estándar de 6 semanas de descarga [15]. El fisioterapeuta tiene un rol activo en la supervisión de la carga, progresión del patrón de marcha y entrenamiento con el soporte de deambulación adecuado desde el postoperatorio inmediato.
Puede utilizarse como adyuvante en las fases 2 y 3 para el control del edema (técnica de pulpo o abanico linfático) y para la facilitación de la musculatura periarticular (peroneos, tibial anterior) durante el inicio de la deambulación sin bota. La evidencia disponible en la evidencia entregada es insuficiente para respaldar afirmaciones cuantitativas de eficacia en esta indicación específica [1]. Su uso es clínicamente habitual por perfil de seguridad favorable y tolerabilidad, pero no debe sustituir el entrenamiento activo ni el manejo de carga.
Pueden considerarse como adyuvantes para el control del dolor en la fase 1 y el inicio de la fase 2, especialmente en pacientes con dolor en reposo elevado que dificulte la movilización precoz. La evidencia entregada es insuficiente para respaldar un tipo específico de modalidad electrofísica con parámetros definidos para esta indicación [1]. Si se utiliza, se recomienda como complemento temporal del manejo del dolor, priorizando siempre el ejercicio activo y la carga precoz.
Sin indicación clínica fuerte o evidencia actual que justifique el uso de técnicas invasivas de primera línea para esta patología.
Metaanálisis 1. Lewis SR, et al. Rehabilitation for ankle fractures in adults. Cochrane Database Syst Rev. 2024. PMID: 39312389 doi:10.1002/14651858.CD005595.pub4
Metaanálisis 2. Hardaker NJ, et al. Differences in Injury Profiles Between Female and Male Athletes Across the Participant Classification Framework: A Systematic Review and Meta-Analysis. Sports Med. 2024. PMID: 38536647 doi:10.1007/s40279-024-02010-7
Metaanálisis 3. Shimozono Y, et al. Suture Button Versus Syndesmotic Screw for Syndesmosis Injuries: A Meta-analysis of Randomized Controlled Trials. Am J Sports Med. 2019. PMID: 30475639 doi:10.1177/0363546518804804
Metaanálisis 4. York T, et al. Reporting errors in plain radiographs for lower limb trauma-a systematic review and meta-analysis. Skeletal Radiol. 2022. PMID: 34143230 doi:10.1007/s00256-021-03821-9
Metaanálisis 5. Fralick M, et al. Fracture Risk After Initiation of Use of Canagliflozin: A Cohort Study. Ann Intern Med. 2019. PMID: 30597484 doi:10.7326/M18-0567
Metaanálisis 6. Migliorini F, et al. Allograft Versus Autograft Osteochondral Transplant for Chondral Defects of the Talus: Systematic Review and Meta-analysis. Am J Sports Med. 2022. PMID: 34554880 doi:10.1177/03635465211037349
Metaanálisis 7. Beckenkamp PR, et al. Diagnostic accuracy of the Ottawa Ankle and Midfoot Rules: a systematic review with meta-analysis. Br J Sports Med. 2017. PMID: 27884861 doi:10.1136/bjsports-2016-096858
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