La fascitis plantar (FP), denominada también fasciopatía plantar, es la causa más frecuente de dolor en el talón en adultos, representando el 11-15% de los síntomas de pie que requieren atención profesional [23]. Anatomopatológicamente se trata de una tendinopatía por carga/degenerativa de la aponeurosis plantar en su inserción en el tubérculo medial del calcáneo, con predominio de cambios degenerativos (fasciosis) sobre inflamatorios puros, aunque el término 'fascitis' sigue siendo de uso clínico generalizado.
Desde el punto de vista biomecánico, la fascia plantar actúa como mecanismo de cabrestante (windlass mechanism): durante la propulsión, la dorsiflexión de los dedos tensa la fascia, eleva el arco longitudinal medial y transmite fuerzas reactivas al calcáneo. La sobrecarga repetitiva en el sitio de inserción genera microtraumatismos acumulativos. Se han identificado como factores biomecánicos relevantes la reducción del rango de dorsiflexión de tobillo y de la rotación interna de cadera en pacientes con FP respecto a controles sanos [23], lo que incrementa la demanda mecánica sobre la fascia. El grosor ecográfico de la fascia plantar en la inserción calcaneal está significativamente aumentado en pacientes sintomáticos (3,6 ± 0,4 mm vs. 2,9 ± 0,4 mm en controles) [23], siendo este parámetro un marcador diagnóstico y de seguimiento.
Presentación típica:
Factores de riesgo clínicos:
Clasificación de severidad (scoring system validado):
Se dispone de un sistema de puntuación que integra: intensidad EVA, duración de síntomas, capacidad de caminar sin dolor, presencia de espolón calcáneo en radiografía y zona de alta intensidad (HIZ) en RMN. Clasifica en: leve (2-4 pts), moderada (5-8 pts), grave (9-12 pts) y crítica (13-15 pts), con un punto de corte óptimo de 10 puntos para predecir respuesta al tratamiento conservador (precisión global 90,6%) [20].
Las siguientes señales de alarma obligan a derivación médica o ampliar el estudio diagnóstico:
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