El esguince de tobillo lateral (LAS) es la lesión musculoesquelética más prevalente en el ámbito deportivo y recreativo, caracterizada por el estiramiento o ruptura parcial/completa de uno o varios ligamentos del complejo lateral del tobillo: ligamento peroneoastragalino anterior (ATFL), ligamento peroneocalcáneo (CFL) y ligamento peroneoastragalino posterior (PTFL) [9][10]. El ATFL es la estructura más frecuentemente lesionada dado su menor resistencia tensil y su orientación horizontal, que lo expone especialmente durante la inversión combinada con flexión plantar [10].
Biomecánicamente, el mecanismo más común es la inversión forzada y supinación del retropié con el tobillo en flexión plantar, lo que genera tracción excesiva sobre el ATFL. La recurrencia es alta: aproximadamente la mitad de los pacientes que sufren un primer LAS desarrollan inestabilidad crónica de tobillo (CAI), definida como la persistencia de sensación de inestabilidad, episodios repetidos de 'giving way' y deterioro funcional más allá de 12 meses tras la lesión inicial [8][10][16].
La CAI no es únicamente un fenómeno mecánico periférico. Existe evidencia de neuroplasticidad central asociada: alteraciones en la microestructura de la sustancia blanca cerebelosa tras LAS agudo, y modificaciones funcionales y estructurales en la red sensoriomotora cortical (giro precentral, área motora suplementaria, giro postcentral, giro frontal medio) y en la corteza cingulada anterior dorsal en pacientes con CAI [8]. Estas adaptaciones cerebrales correlacionan con la función autorreportada y con los hallazgos clínicos, y explican parcialmente la perpetuación del déficit motor y el alto riesgo de relesión [8].
Fase aguda (0-72 h):
Subaguda y crónica (> 6 semanas / CAI):
Clasificación de severidad (clínica):
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