El esguince del ligamento colateral medial (LCM) de rodilla es una lesión traumática del complejo estabilizador medial, que incluye el ligamento colateral medial superficial (LCMs), el ligamento colateral medial profundo (LCMp) y la cápsula posteromedial. El mecanismo lesional predominante es una fuerza en valgo aplicada sobre la rodilla —a menudo combinada con rotación externa de la tibia—, habitualmente en contextos deportivos de contacto o cambio de dirección brusco.
Desde el punto de vista biomecánico, el LCM actúa como el principal restrictor estático del estrés en valgo y contribuye a controlar la rotación tibial externa y la traslación anterior de la tibia. Lesiones combinadas de LCM con ligamento cruzado anterior (LCA) representan aproximadamente el 20% de todas las lesiones ligamentosas de rodilla [3]. La presencia de lesión concomitante LCA-LCM incrementa el riesgo de revisión o re-ruptura tras reconstrucción del LCA (OR = 1,62; IC 95% 1,31–2,00) [2].
Las lesiones del LCM se clasifican clásicamente en tres grados: grado I (microdesgarros sin inestabilidad), grado II (desgarro parcial con inestabilidad leve a moderada en valgo) y grado III (rotura completa con inestabilidad franca en valgo). Las lesiones de tipo avulsión y las lesiones tipo Stener —interposición del LCMs superficial por encima del tendón del músculo semimembranoso— constituyen un subgrupo con menor capacidad de cicatrización espontánea [3].
Existe evidencia de que los cambios hormonales (estrógenos, relaxina) pueden afectar las propiedades mecánicas y celulares del LCM, modificando la producción de colágeno y la rigidez ligamentosa, aunque el impacto clínico de estos cambios no está completamente cuantificado [4]. La lesión de estructuras mediales de rodilla se asocia a un incremento moderado en la probabilidad de desarrollar osteoartritis sintomática a largo plazo [1].
El cuadro clínico varía en función del grado de lesión:
En lesiones combinadas LCA-LCM, los síntomas de inestabilidad rotatoria anterolateral se superponen a los del compartimento medial [3]. La evaluación de la laxitud rotatoria anteromedial (AMRL) resulta clínicamente compleja y los métodos disponibles presentan limitaciones importantes en cuanto a equipamiento y tiempo clínico [8].
¿Has detectado un error clínico o una referencia obsoleta?