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Esclerosis Múltiple

Neurología·Actualizado 24 de mayo de 2026

Definición y Biomecánica

La esclerosis múltiple (EM) es una enfermedad inflamatoria crónica desmielinizante del sistema nervioso central (SNC) de origen autoinmune, caracterizada por lesiones multifocales en sustancia blanca y gris que producen desmielinización y daño axonal progresivo. La patogénesis implica infiltración linfocítica (predominantemente células B y T) con activación de microglía residente, que genera neuroinflammación crónica intraparenquimatosa con daño tisular irreversible y acumulación progresiva de discapacidad [7].

Desde una perspectiva clínico-funcional, la EM se presenta en distintos fenotipos: forma remitente-recurrente (EMRR), secundaria progresiva (EMSP) y primaria progresiva (EMPP). La EMRR se caracteriza por brotes con recuperación parcial o completa, mientras que las formas progresivas exhiben deterioro neurológico continuo independiente de brotes —fenómeno denominado disability accrual— parcialmente explicado por neuroinflammación crónica no remitente dentro del SNC [10]. La acumulación de discapacidad se cuantifica clínicamente con la Expanded Disability Status Scale (EDSS), siendo EDSS ≥ 6 (necesidad de ayuda unilateral para la marcha) un marcador de discapacidad grave establecido en la literatura [23].

La desmielinización compromete la conducción nerviosa saltatoria, lo que genera los síntomas neurológicos característicos. La pérdida axonal irreversible —reflejada indirectamente en la atrofia retiniana de la capa de células ganglionares macular (GCIPL) detectable por OCT— es el sustrato del deterioro funcional permanente [21]. Las lesiones son espacial y temporalmente diseminadas, con predilección por el cuerpo calloso, fibras en U periventriculares, nervio óptico, cerebelo, tronco del encéfalo y médula espinal [22].

Cuadro Clínico y Síntomas

La presentación clínica es heterogénea y refleja la localización de las placas desmielinizantes:

  • Síntomas motores: paresia o plejia espástica de extremidades (mono, para o tetraplejia), con hiperreflexia, clonus y signo de Babinski. Los signos piramidales en el primer año de enfermedad son marcadores de mal pronóstico [23].
  • Síntomas sensitivos: parestesias, disestesias, hipoestesia, signo de Lhermitte (descarga eléctrica por flexión cervical).
  • Síntomas cerebelosos: ataxia de la marcha, dismetría, temblor de intención, disartria.
  • Síntomas visuales: neuritis óptica (pérdida de agudeza visual, dolor periocular, escotoma central), diplopía por oftalmoplejia internuclear.
  • Síntomas de tronco: vértigo, nistagmo, disfagia, disartria.
  • Síntomas autonómicos: disfunción vesical (urgencia, retención, incontinencia), disfunción intestinal, disfunción sexual.
  • Síntomas cognitivos: déficits en velocidad de procesamiento, memoria de trabajo y funciones ejecutivas, presentes en hasta el 50-60% de los pacientes.
  • Fatiga: uno de los síntomas más incapacitantes y prevalentes, con repercusión directa sobre la participación y calidad de vida. La evidencia de moderada calidad sugiere que el ejercicio físico reduce la fatiga en personas con EM [7].
  • Espasticidad: frecuente en formas progresivas y en fases avanzadas de EMRR, contribuye significativamente a la limitación de la movilidad [7].

En el contexto de la EM agresiva, la acumulación de discapacidad es acelerada: pacientes con edad de inicio > 35 años, EDSS ≥ 3 en el primer año y presencia de signos piramidales en el primer año presentan una tasa de progresión a EDSS ≥ 6 en 10 años del 32% cuando los tres factores están presentes, frente al 1.4% cuando ninguno está presente [23].

Banderas Rojas

Las siguientes situaciones requieren reevaluación neurológica urgente y/o ajuste del manejo clínico:

  • Brote agudo con déficit neurológico incapacitante rápidamente progresivo: paresia severa de nueva aparición, pérdida visual aguda o trastorno de la marcha agudo que no permite deambulación. Requiere confirmación por neurología y valoración de tratamiento con corticosteroides IV.
  • Progresión sostenida de la discapacidad sin brote: aumento del EDSS ≥ 1 punto confirmado en ≥ 6 meses sin brote intercurrente, especialmente en el contexto de EM progresiva, sugiere fallo terapéutico del tratamiento modificador de la enfermedad [10][12].
  • Signos piramidales en el primer año de enfermedad + EDSS ≥ 3 en el primer año + edad de inicio > 35 años: combinación que identifica la variante agresiva de EM con alta probabilidad (AUC = 0.80) y que requiere escalada terapéutica precoz [23].
  • Crisis epiléptica de nueva aparición: puede indicar lesión cortical activa o expansión de carga lesional.
  • Disfunción vesical aguda con retención urinaria: requiere valoración urológica urgente para descartar globo vesical o lesión medular activa.
  • Disfagia progresiva o compromiso respiratorio: indicativo de afectación del tronco del encéfalo o médula cervical alta, con riesgo de broncoaspiración o insuficiencia respiratoria.
  • Signos de infección grave en pacientes bajo tratamiento modificador de la enfermedad: los fármacos anti-CD20 (ocrelizumab, ofatumumab, ublituximab) se asocian a mayor riesgo de infecciones graves [11][12][13][14]. Fiebre con foco pulmonar u oportunista en paciente inmunosuprimido requiere manejo médico urgente.
  • Alteración del nivel de conciencia o confusión aguda: excluir encefalopatía, encefalitis autoinmune concomitante u otras causas sistémicas.

Diagnóstico Diferencial

La EM debe distinguirse de otras enfermedades desmielinizantes y neurológicas con presentación similar:

EntidadCaracterísticas diferenciales claveHerramientas diagnósticas
Entidad:MOGAD (Enfermedad asociada a anticuerpos anti-MOG)Características diferenciales clave

Menor número de lesiones cerebrales (≤ 6), ausencia de dedos de Dawson, predominio de afectación de tronco e hipocampo, rareza en adultos.

Algoritmo clínico-RMN: Sn 96%, Sp 56% para identificar EMRR vs MOGAD; modelo de deep learning: Sn 67%, Sp 73% [22].

Herramientas diagnósticas:Anticuerpos anti-MOG séricos, RMN, clasificadores clínico-RMN y DL [22]
Entidad:NMOSD (Trastorno del espectro de neuromielitis óptica)Características diferenciales clave

Mielitis transversa extensa (≥ 3 segmentos), neuritis óptica bilateral/grave, anticuerpos anti-AQP4.

OCT retiniana no permite separar EM de NMOSD [21].

Herramientas diagnósticas:Anticuerpos anti-AQP4, RMN medular
Entidad:Vasculitis del SNCCaracterísticas diferenciales clave:Lesiones multifocales, pero frecuentemente con afectación cortical prominente, cefalea, LCR inflamatorioHerramientas diagnósticas:Angiografía cerebral, biopsia, LCR
Entidad:Encefalomielitis aguda diseminada (ADEM)Características diferenciales clave:Habitualmente monofásica, post-infecciosa o post-vacunal, predominantemente pediátrica, lesiones bilaterales simétricasHerramientas diagnósticas:Clínica, RMN, LCR
Entidad:Mielopatía cervical espondilóticaCaracterísticas diferenciales clave:Déficit motor/sensitivo progresivo de MMII sin brotes, sin lesiones cerebrales, sin bandas oligoclonalesHerramientas diagnósticas:RMN cervical, ausencia de diseminación cerebral
Entidad:Sarcoidosis del SNCCaracterísticas diferenciales clave:Lesiones periventriculares, pero con captación leptomeníngea, elevación de ECA, afectación sistémicaHerramientas diagnósticas:TC torácico, ECA sérico, biopsia
Entidad:Síndrome clínicamente aislado (CIS)Características diferenciales clave

Primer episodio desmielinizante sin criterios de diseminación en espacio/tiempo para EM.

La vitamina D en dosis altas redujo la actividad de enfermedad en CIS (HR 0.66, IC 95% 0.50-0.87) [15].

Herramientas diagnósticas:Criterios diagnósticos de McDonald 2017, RMN

Nota: El algoritmo combinado clínico-RMN + modelo de deep learning alcanzó una precisión diagnóstica del 86% (Sn: 84%, Sp: 89%) para distinguir EMRR de MOGAD [22]. La OCT de la capa GCIPL macular ofrece apoyo diagnóstico en pacientes jóvenes sin comorbilidades relevantes, con AUROC de 0.71 para discriminar EM del resto de la población general, pero no permite separar EM de NMOSD [21].

Tests Ortopédicos

La EM no cuenta con tests ortopédicos específicos en el sentido musculoesquelético clásico. La evaluación clínica se basa en herramientas neurológicas y funcionales validadas:

Herramientas de valoración funcional con datos cuantitativos respaldados por la evidencia:

  • EDSS (Expanded Disability Status Scale): escala de referencia para cuantificar discapacidad neurológica. EDSS ≥ 3 en el primer año de síntomas es predictor de EM agresiva. EDSS ≥ 6 en ≤ 10 años define fenotipo agresivo [23]. Valor predictivo negativo del modelo con los tres marcadores clínicos precoces: 0.98 (es decir, ausencia de los tres factores asociada a solo 1.4% de riesgo de EM agresiva) [23].
  • Timed 25-Foot Walk (T25FW): test funcional de marcha validado en ensayos clínicos. En el ensayo ORATORIO, el empeoramiento de T25FW fue significativamente menor con ocrelizumab vs. placebo (38.9% vs. 55.1%, p=0.04) a 120 semanas [12].
  • Multiple Sclerosis Functional Composite (MSFC): compuesto de velocidad de marcha, función motora de miembro superior y cognición (z-score). Utilizado como medida secundaria en ensayos de fase 3 [13].
  • OCT (Tomografía de Coherencia Óptica) retiniana — capa GCIPL macular: la diferencia interocular porcentual (IEPD ≥ 4%) mostró Sn: 51.7%, Sp: 82.8% para diagnóstico de EM; la diferencia interocular absoluta (IEAD ≥ 4 μm) mostró Sn: 43.5%, Sp: 86.8%. AUROC = 0.71 para la capa GCIPL macular [21].
  • Clasificador clínico-RMN (≤6 lesiones cerebrales + ausencia de dedos de Dawson): en validación independiente, Sn: 96%, Sp: 56% para identificar EMRR vs. MOGAD [22].
  • Modelo de Deep Learning (ResNet-10) en RMN: Sn: 67%, Sp: 73% en cohorte de validación independiente para distinción EMRR vs. MOGAD; combinado con clasificador clínico-RMN: precisión 86%, Sn: 84%, Sp: 89% [22].
  • Modelo predictivo de EM agresiva (Bayesian Model Averaging): tres predictores (edad > 35 años en inicio, EDSS ≥ 3 en el primer año, signos piramidales en el primer año). AUC = 0.80 (IC 95%: 0.75-0.84) en cohorte derivación; AUC = 0.75 (IC 95%: 0.66-0.84) en cohorte de validación externa independiente [23].

Fases de Tratamiento

El abordaje rehabilitador de la EM es multidisciplinar, continuo y adaptado al fenotipo clínico y al grado de discapacidad. La evidencia de calidad moderada respalda que el ejercicio físico estructurado y los programas multidisciplinares mejoran los resultados funcionales, la fuerza muscular, la capacidad aeróbica y la calidad de vida [7].

Fase 1: Evaluación, estabilización y educación terapéutica

ObjetivosIntervenciones claveCriterios para avanzar
Objetivos

Valorar el perfil funcional basal (EDSS, T25FW, MSFC, fatiga, espasticidad, equilibrio, cognición).

Identificar necesidades rehabilitadoras prioritarias.

Establecer alianza terapéutica y adherencia.

Intervenciones clave

Evaluación fisioterapéutica neurológica completa incluyendo escala EDSS, T25FW, test de equilibrio (Berg Balance Scale u otros), valoración de espasticidad (escala Ashworth modificada), fatiga (MFIS o FSS) y función vesical.

Educación sobre manejo de la fatiga y estrategias de conservación de energía.

Información sobre la enfermedad y el papel del ejercicio [7].

Criterios para avanzar

EDSS estable ≥ 4 semanas sin brote activo.

Comprensión por parte del paciente del programa.

Objetivos funcionales consensuados.

Fase 2: Intervención física activa estructurada

ObjetivosIntervenciones claveCriterios para avanzar
Objetivos

Mejorar fuerza muscular de extremidades inferiores y superiores.

Reducir fatiga.

Mejorar capacidad aeróbica y marcha.

Mejorar equilibrio y reducir riesgo de caídas.

Intervenciones clave

Ejercicio aeróbico de intensidad moderada (cicloergómetro, marcha asistida, natación) progresivo.

Ejercicio de fuerza resistiva de extremidades (resistencia progresiva, 2-3 sesiones/semana).

Entrenamiento del equilibrio y control postural (plataformas de inestabilidad, tareas duales).

Ejercicio acuático si el paciente presenta hipertermia de esfuerzo (fenómeno de Uhthoff).

Los programas de ejercicio mejoran la movilidad, la fuerza muscular y la fatiga con evidencia de calidad moderada [7].

Criterios para avanzar

T25FW estabilizado o mejorado.

EVA de fatiga < 6/10 en actividades de la vida diaria.

Tolerancia a sesiones de 30 minutos sin exacerbación de síntomas.

Fase 3: Rehabilitación funcional y manejo de síntomas específicos

ObjetivosIntervenciones claveCriterios para avanzar
Objetivos

Gestionar espasticidad, disfunción vesical, disfagia y síntomas cognitivos.

Optimizar la participación en actividades de la vida diaria.

Prevenir complicaciones secundarias (úlceras por presión, contracturas, caídas).

Intervenciones clave

Técnicas de fisioterapia neurológica para espasticidad (estiramientos mantenidos, posicionamiento, frío local).

Terapia ocupacional para adaptación del entorno y AVD.

Intervención logopédica para disfagia y disartria.

Neuropsicología para déficits cognitivos [7].

Rehabilitación vesical (vejiga neurógena).

Ayudas técnicas (bastones, andadores, ortesis tobillo-pie para pie caído).

La evidencia de baja calidad sugiere que los programas de manejo de síntomas (espasticidad) y las intervenciones neuropsicológicas mejoran algunos resultados [7].

Criterios para avanzar

Ashworth ≤ 2 en grupos musculares principales.

Ausencia de caídas en el último mes.

Independencia en AVD básicas o uso funcional de ayudas técnicas.

Fase 4: Mantenimiento, prevención de la progresión y telerehabilitation

ObjetivosIntervenciones claveCriterios para avanzar
Objetivos

Mantener los beneficios funcionales a largo plazo.

Adaptar el programa al deterioro progresivo.

Preservar la participación social y calidad de vida.

Facilitar el acceso al tratamiento mediante modalidades remotas.

Intervenciones clave

Programas de ejercicio domiciliario supervisado de forma presencial o remota.

Telerehabilitation: la evidencia disponible sugiere que puede ser comparable a la rehabilitación presencial o superior a la no rehabilitación en EM [5].

Programas multidisciplinares de rehabilitación ambulatoria u hospitalaria con seguimiento a largo plazo, que muestran ganancias sostenidas en actividad y participación con evidencia de calidad moderada [7].

Reevaluación periódica del EDSS y adaptación del programa.

Criterios para avanzar

Mantenimiento del T25FW dentro del ±10% respecto al basal.

EVA de fatiga ≤ 5/10.

Adherencia ≥ 70% al programa domiciliario.

Ausencia de brotes en curso.

Terapia Manual y Modalidades

Las modalidades no invasivas complementarias en EM están respaldadas por la evidencia con grados variables de certeza. Se detallan a continuación según la evidencia disponible [7]:

  • Ejercicio físico (modalidad principal): La evidencia de calidad moderada indica que las intervenciones de ejercicio y actividad física mejoran la movilidad, la fuerza muscular, la capacidad aeróbica y la calidad de vida en personas con EM [7]. El ejercicio aeróbico (cicloergómetro, marcha, natación) y el entrenamiento de fuerza resistiva son las modalidades con mayor respaldo. El entrenamiento acuático es especialmente útil en pacientes con sensibilidad al calor (fenómeno de Uhthoff).

  • Programas multidisciplinares de rehabilitación (ambulatorios o ingresados): La evidencia de calidad moderada indica que estos programas producen ganancias a largo plazo en los niveles de actividad y participación [7]. La integración de fisioterapia, terapia ocupacional, logopedia y neuropsicología en un marco coordinado es el estándar de atención.

  • Vibración de cuerpo completo (Whole-Body Vibration — WBV): La evidencia de baja calidad sugiere que puede mejorar algunos resultados en pacientes con EM [7]. La evidencia disponible no permite establecer parámetros óptimos con certeza suficiente.

  • Intervenciones de provisión de información: La evidencia de calidad moderada indica que las intervenciones educativas mejoran el conocimiento de los pacientes, lo que es un componente relevante del autocuidado y la adherencia [7].

  • Telerehabilitation: La evidencia disponible, aunque con resultados contradictorios, sugiere que la telerehabilitation podría ser comparable a la rehabilitación presencial o superior a la no rehabilitación en EM [5]. Esta modalidad puede mejorar el acceso al tratamiento en pacientes con movilidad reducida o que residen lejos de centros especializados.

  • Intervenciones neuropsicológicas y cognitivas: La evidencia de baja calidad sugiere que las intervenciones de rehabilitación cognitiva mejoran algunos resultados neuropsicológicos en personas con EM [7]. La estimulación cognitiva computarizada y el entrenamiento de estrategias compensatorias son las aproximaciones más utilizadas.

  • Terapia con oxígeno hiperbárico (HBOT): Incluida en revisiones Cochrane sobre EM, pero la evidencia es inconcluyente según la revisión disponible [7]. No se puede recomendar de forma rutinaria con la evidencia actual.

  • Terapia manual clásica: La evidencia entregada no respalda de forma específica la terapia manual articular para la EM. Puede utilizarse de forma complementaria para el manejo de disfunciones musculoesqueléticas secundarias (dolor cervical, lumbar) pero no como intervención primaria para la EM.

  • Vitamina D en dosis altas (colecalciferol 100.000 UI/2 semanas): Aunque no es una modalidad de fisioterapia, es relevante para el fisioterapeuta conocer que en el ensayo D-Lay MS, la suplementación con vitamina D redujo significativamente la actividad de enfermedad en pacientes con CIS/EMRR precoz (HR 0.66, IC 95% 0.50-0.87, p=0.004) y redujo las lesiones captantes de contraste (HR 0.47, IC 95% 0.30-0.75, p=0.001) [15]. Esta información es relevante para la coordinación interprofesional y la educación del paciente.

Técnicas Invasivas

Sin indicación clínica fuerte o evidencia actual que justifique el uso de técnicas invasivas de primera línea para esta patología.

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