La articulación sacroilíaca (ASI) es una articulación sinovial compleja que une el sacro con los huesos ilíacos, dotada de una movilidad fisiológica mínima (nutación y contranutación) pero funcionalmente crítica para la transmisión de cargas entre el raquis lumbar y los miembros inferiores. La disfunción de la ASI engloba tanto los trastornos mecánicos-degenerativos (desestructuración ligamentaria, sobrecarga articular, inestabilidad pélvica) como las entidades inflamatorias (sacroileítis en el contexto de espondiloartritis axial, SpA) que afectan a la articulación.
Desde el punto de vista estructural, la articulación está estabilizada por un potente complejo ligamentario (ligamentos sacroilíacos anterior, posterior e interóseo) y por compresión de forma activa mediante la musculatura del suelo pélvico, glúteos, bíceps femoral y multífidus. La pérdida de cualquiera de estos mecanismos genera una transmisión de carga deficiente y sensibilización periférica o central del tejido articular y periarticular.
En su vertiente inflamatoria, la sacroileítis se caracteriza por edema de médula ósea (bone marrow edema, BME) subarticular visible en RM con secuencias STIR/T2, erosiones, esclerosis y, en estadios avanzados, anquilosis [11]. La RM es superior a la radiografía convencional para la detección de cambios inflamatorios precoces y lesiones estructurales en la ASI [10, 11]. La TC sintética (sCT) derivada de RM muestra prometedora concordancia con la TC convencional para la detección de erosiones y anquilosis (sensibilidad 47–94%, especificidad 83–>95%), pudiendo reducir la exposición a radiación [3].
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