Dedo en martillo se define como una deformidad en flexión de la articulación interfalángica proximal (AIFP) con extensión relativa de la articulación metatarsofalángica (AMTF) y extensión o posición neutra de la articulación interfalángica distal (AIFD). Dedo en garra implica hiperextensión de la AMTF con flexión de ambas articulaciones interfalángicas (AIFP y AIFD), configurando una deformidad más severa y estructurada [3].
Desde el punto de vista biomecánico, la deformidad resulta del desequilibrio entre la musculatura intrínseca y extrínseca del pie. Los músculos intrínsecos del pie (MIF) —lumbricales e interóseos— estabilizan las falanges y contrarrestan la tracción flexora de los tendones extrínsecos. Cuando existe atrofia o disfunción de los MIF, se pierde el efecto de flexión de la AMTF y extensión de las falanges distales, favoreciendo la garra digital [5]. En el contexto diabético, la atrofia de los MIF se asocia, aunque con correlación débil, a la aparición de deformidades en garra y martillo [5].
La deformidad provoca redistribución de presiones plantares: se eleva la presión en el pulpejo distal del dedo (en dedo en martillo/garra) y en la cabeza metatarsal correspondiente, incrementando el riesgo de úlceras en pacientes con neuropatía diabética. La tenotomía percutánea del flexor largo reduce significativamente la presión plantar en la zona del pulpejo del dedo afectado [10]. La deformidad puede ser flexible (reductible pasivamente) o rígida (fija), determinando las opciones de tratamiento conservador versus quirúrgico [3][6].
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